David Forster Wallace, Prefaci per D.T.Max

Todas las historias de amor son historias de fantasmas

PREFACIO

En el momento de su trágico suicidio en septiembre de 2008, David Foster Wallace era el escritor más destacado de su generación, el que había abierto el camino más novedoso y al que los demás, de forma directa o indirecta, tomaban como guía.

Aclamado a los veinte años, quemado y hospitalizado por depresión y abuso de drogas antes de cumplir los treinta, consiguió salir de todo ello y escribir La broma infinita. Esta novela de 1.079 páginas sobre una academia de tenis y un centro de rehabilitación de adicciones que están separados por “una alta y más o menos desnuda colina”, sigue siendo la novela americana más influyente de los años noventa, mejor intento del que disponemos de capturar la realidad de un mundo irreal. Desgarbado, con su melena desgreñada sujeta por una bandana, sus gafitas de abuela casi perdidas en su ancho y bonito rostro, Wallace en persona, como Wallace el escritor, fue una mezcla inusual de cerebro e impetuosidad.

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