‘El soroll i la fúria’, de William Faulkner

Este sureño estadounidense (nació en Nueva Albany, Misisipí, en 1897) fue, probablemente, uno de los mayores innovadores de la narrativa anglosajona del pasado siglo XX y, paradójicamente, está considerado como uno de los grandes cronistas de un mundo destinado a la extinción: el Sur profundo, aquel al que la derrota en la guerra de secesión le condenó inevitablemente a una traumática transformación de lo establecido, desde los valores tradicionales a los sistemas de producción. Y de esta forma, quien quiso dejar constancia de esos grandes cambios, quien asumió el deber de perpetuar literariamente lo que el destino histórico había sentenciado al olvido, decidió hacerlo aplicando una técnica narrativa, un estilo, radicalmente experimental. Monólogos interiores -nunca ocultó su admiración por Joyce-, puntos de vista múltiples, desprecio por las divisiones nítidas entre el pasado y el presente, frases de gran extensión, una forma de narrar nueva para dejar testimonio del naufragio social y moral de su amado Sur. El ruido y la furia, publicada en 1929, y que el lector de EL PAÍS podrá comprar mañana por tres euros, reúne todas las características descritas de su forma de concebir la literatura, un concepto alejado de lo convencional y trillado que exige del lector un interés y atención por encima de lo habitual, pero al que también le ofrece una prosa deslumbrante. William Faulkner fue galardonado treinta años después, en 1949, con el Premio Nobel de Literatura.

Las capas de la cebolla

Faulkner ideó El ruido y la furia como un relato que podía contarse con mil palabras. No iba a ocupar más de dos folios, ‘pero pronto me di cuenta de que era imposible’, recordaría años más tarde. ‘Hice una primera versión; no era buena. Entonces la volví a escribir, y nació Quentin. Pero no era buena todavía, y en la tercera redacción meti a Jason; seguía sin ser buena, por lo que traté de meter a Faulkner en la obra; y entonces fue peor’. Esta forma de trabajar era habitual en Faulkner. Muchas veces partía de una imagen, como la de una mujer embarazada caminando descalza por la carretera, y trataba de buscar una explicación, ver adónde le llevaba esa imagen. Sólo escribió de un tirón Mientras agonizo. Fue la única novela en la que tenía claro lo que era importante antes de empezar a escribir.

El espíritu del Sur

William Faulkner nació en el Estado de Misisipí en 1897 y en aquella región viviría casi toda su vida. Fue un joven aficionado a leer, pero no terminó la enseñanza secundaria.

A principios de los años veinte decide ser escritor y comienza a emplearse en trabajos que, como los de cartero, contrabandista de ron o bombero, le permiten ganar suficiente ‘para papel, tabaco, comida y algo de whisky’. La aparición de su primera novela, La paga del soldado, sirvió para financiar parte de un viaje a París, pero tras publicarse Mosquitos en 1927, su editor se negó a imprimir su tercera novela, Flags in the dust. El libro terminaría viendo la luz con otro título, Sartoris, y en otra editorial que introduciría centenares de modificaciones, corrigiendo las ‘erratas y fallos de puntuación’.

A finales de 1929, el escritor encuentra una nueva editorial dispuesta a encargarse de El ruido y la furia. La novela apenas se vende, pero la crítica aplaude la obra, lo que facilita la publicación de sus relatos. Faulkner dispone ahora de algo de dinero, así que se casa con su amor de juventud, Estelle Oldham, y compra una enorme casa señorial. Comienza entonces a escribir sin descanso. A Mientras agonizo, le siguen Santuario (su único éxito de ventas), Luz de agosto y Pylon.

En 1935 aparece ¡Absalón, Absalón! La crítica del momento lo reseña con reservas y Faulkner empieza a perder lectores. Sólo en Francia encuentran eco obras como Las palmeras salvajes (1939) y Desciende Moisés (1942), en las que Faulkner desarrolla su universo privado: Yoknapatawpha. Acuciado por las deudas, acepta trabajar de guionista para Hollywood a cambio de un pequeño sueldo.

En 1946 comienza el definitivo ascenso a la fama. Animada por escritores que admiran a Faulkner, la editorial Random House decide recuperar todos sus libros y publica además Intruso en el polvo. En 1949 el escritor recibe el Premio Nobel. Desde entonces hasta su muerte, en 1962, Faulkner viaja por todo el mundo, da conferencias y publica algunos libros más, como la obra teatral Réquiem por una monja (1951) o su novela más larga, Una fábula,aparecida en 1954.