¡Todos detrás de Soleràs! de Carles Geli

No podemos pasar por la vida como lo hacemos. ¿Qué sentido tiene? ¿Para esto vivimos? Esa es la preguntita que, quieras o no, te obliga a plantearte Joan Sales cuando lees su Incerta glòria,lo más cerca que han estado nunca las letras catalanas de Dostoievski, Bernanos o Graham Greene. Cierto es que las 764 páginas están formuladas en clave cristiana, pero es difícil no estar de acuerdo con ese torturado (y torturante), macilento, corto de vista, contradictorio, escéptico, impenetrable pero lúcido agitador de espíritus que es Juli Soleràs. Cómo no coincidir hoy con alguien que constata que “la inteligencia ha pasado a la historia como una antigualla del XVII; ¡el futuro es de los imbéciles!”, y que, a diferencia de aquellos, lamenta que “quizá soy el único que vive la vida de quién sabe quien, una vida que no se me ajusta, una vida que me es extraña”. Alguien, lector de Nietzsche y Kierkegaard, capaz de gritar: “¡Si pudiera dejar de creer! (…) La fe me cierra el camino cuando más la quisiera perder de vista y cuando la llamo no viene”.

No, a un tipo así hay que seguirle hasta el final. Y, encima, no está solo: ahí aparece ese Cruells que hace un paréntesis en su carrera eclesiástica y acude al frente; o el pequeño burgués Lluís, sparring intelectual de Soleràs, unido a una Trini de humilde familia anarquista que iniciará un complejo peregrinaje hacia la conversión a la fe cristiana en la ya shakesperiana retaguardia de Barcelona. Todos buscan algo en la vida, ni que sea una efímera e incierta gloria en esos años de Guerra Civil que tenían algo de sacrificio de una generación. Y ahí la novela crece como artefacto literario porque es del conflicto interior de los personajes que emerge el iceberg del combate político y social, y aflora entonces la destrucción de la juventud, el paso del tiempo, el duelo entre remordimientos y esperanzas…

Quien recrimina a su amigo que se piensa que hemos venido al mundo a tomar solo el té o se plantea “¿o es que somos íntegramente fantasmas, nubes sin más esperanza que conocer un momento glorioso, un solo momento y disolvernos?” sube ahora a un escenario. Divertido: el título de una de las mejores novelas de la Guerra Civil en todas las lenguas del Estado (y, traducida el año pasado al inglés, escogida porThe Economist como una de las 10 mejores obras de ficción en 2014) surge del teatro, de unas palabras del inmaduro Proteo que Shakespeare creó para Los dos hidalgos de Verona (“O, how this spring of love resembleth / The uncertain glory of an April day, / Which now shows all the beauty of the sun, / And by and by a cloud takes all away!”). Dice el protagonista: “Necesito cómplices, ¿oyes? Hablar solo en voz alta me desmoraliza; necesito la complicidad de alguien que me escuche”. Ya se le escucha, ya: de Incerta glòria se venden (ahora) cada día nueve ejemplares. Bravo, pero debería ser tres veces más. Este hombre merece mayor auditorio. ¿Qué más propio que en un teatro? ¡Sí, todos detrás de Soleràs!